Cuando se llega a la etapa madura, NO es el tiempo de dejar hacer ejercicio, por el contrario, el ejercitarnos hace que las actividades diarias resulten mucho más fáciles y llevaderas, haciéndonos personas más felices.

Por: Saúl Villasmil
7 Nov, 2022 - 11:56 am

Varios podrán ser los puntos a tratar cuando hablamos de envejecer y, efectivamente realizar ejercicio físico es una manera de tener mejor aspecto y prolongar la vida.

El envejecimiento se caracteriza por cambios a nivel molecular, celular y sistémico del organismo. En el proceso de envejecimiento se afecta de manera progresiva la capacidad fisiológica de mantener la homeostasis produciendo cambios cognitivos, fisiológicos, psicológicos y sociales; el envejecimiento es un proceso normal del ciclo vital.

El realizar alguna actividad física nos ayuda a mantener o disminuir el peso, a fortalecer los músculos y los huesos. Además de darle más flexibilidad a nuestras articulaciones e impulsar el metabolismo. En resumen, realizar ejercicio ayuda a evitar un mal envejecimiento; pero, ¿de qué forma?

Considero que lo principal es aclarar que el ejercicio no puede revertir el proceso de envejecimiento.

El proceso de envejecimiento tiene como característica la pérdida de forma gradual de la reserva funcional, que se asocia de manera directa con hábitos de vida no muy saludables; como el sedentarismo y que junto a algunos factores de riesgo, llevan al deterioro de la salud.

En la vejez se produce sarcopenia

Que consiste en la disminución de la masa muscular, pérdida de fuerza y funcionalidad, esto lleva al aumento de caídas y fragilidad de las personas mayores. Este proceso que comienza aproximadamente en la cuarta década de vida y que se agudiza a partir de los ochenta años se lleva a cabo de una manera progresiva y lenta, con pérdida del 1% de la masa muscular anual.

Desde el punto de vista bioquímico, en la vejez, se producen cambios metabólicos relacionados con la densidad y función de las mitocondrias (organelas donde se lleva a cabo la respiración celular); que hace que disminuya la capacidad funcional y energética del músculo esquelético.

Adicionalmente, la distribución y composición del órgano adiposo cambia. Su distribución se desplaza desde los miembros y depósitos subcutáneos, hacia zonas viscerales y ectópicas explicando esto el deterioro en la fuerza y capacidad funcional reducida.

El aumento y la infiltración del músculo por parte del órgano (tejido) adiposo, está estrechamente relacionada con daños en la función metabólica. Esta relación invertida, aumenta el riesgo de padecer insulinorresistencia, que trae como consecuencia aumento de glucosa en sangre o diabetes senil (tipo 2) y, aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, por ejemplo, hipertensión arterial.

Debido a esta redistribución, se han observado cambios en la maduración y diferenciación de las células adiposas (preadiposito), explicado por descenso en la actividad de una proteína llamada “proteína potenciadora de unión” (CCAAT) y del “receptor de peroxisoma-proliferador-activo gamma” (PPARγ), involucradas en la producción de moléculas proinflamatorias como las citoquinas y quimioquinas. También, se ve alterada, tanto la acumulación como la movilización de los lípidos (triglicéridos) presentes en estas células, llevando a un proceso de lipotoxicidad. Estos cambios afectan de manera directa la estructura de los vasos sanguíneos que llevan a los cambios asociados al envejecimiento.

Se ha comprobado que el entrenamiento donde se involucran ejercicios aeróbicos como caminatas enérgicas, subir escaleras, cortar la grama (césped) mejoran notablemente la salud del corazón, los pulmones y en general el sistema cardiovascular.

Por su parte, los ejercicios de fuerza como el uso de bandas de resistencia o levantamiento de pesas aumentan el volumen y fortalecimiento muscular, permitiendo tener la fuerza necesaria para llevar las compras y hasta levantar a los nietos.

Los ejercicios de equilibrio como el tai chi y de flexibilidad como el yoga contribuyen a disminuir el riesgo de caídas en las personas adultas y les ofrece más libertad de movimiento, lo que seguramente les permitirá atarse los zapatos, voltear mejor el cuello para poder mirar por encima del hombro.

Estos programas de ejercicios, según las recomendaciones actuales, deben realizase de tres a cinco días por semana cuando el ejercicio es de intensidad moderada y como mínimo de tres días, cuando la actividad es de intensidad moderada a vigorosa o fuerte.

Una de las principales metas es mantener la independencia en la vejez. Cuando se llega a la etapa madura, NO es el tiempo de dejar hacer ejercicio, por el contrario, el ejercitarnos hace que las actividades diarias resulten mucho más fáciles y llevaderas, haciéndonos personas más felices.

Para conocer más sobre este tema visita en redes sociales  @Licbiomol.

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