Por: Angela Zago
29 Jun, 2021 - 3:42 pm

La ahora calificada por algunos periodistas y políticos como “la marea roja” es un término establecido por aquellos que, en nombre del crimen organizado, han tomado posesión del poder político en varias regiones de Latinoamérica. En general se opina e informa sobre este avance y se responsabiliza –en muchos casos- al votante que, por “ignorante”, apoya a estos sectores.

Nuestra pregunta es: ¿por qué un grupo que está señalado e incluso en algunos casos sentenciado como conformado por delincuentes comunes vinculados al narcotráfico, tienen el poder necesario para obtener el apoyo de –fundamentalmente- la población que forma parte del sector mayoritariamente necesitado de los países de ésta región?

Algunos y algunas profesionales de investigación de la problemática política señalan al populismo de “izquierda” como responsable de éste apoyo; otros  califican la incultura de los votantes. Incluso existen atrevidos que insultan a esos “ignorantes” que, por obtener un pan, no defienden ni al capitalismo, ni a la democracia y mucho menos  la libertad.

Un maestro o profesor que tiene en su aula a unos 30 estudiantes y de éstos son aplazados en su materia un 40% del grupo….dirá: que grupo de ignorantes me tocó que no entendieron mis clases o se preguntará: ¿en dónde estoy fallando para que un alto porcentaje de mis alumnos no comprendan lo que trato de enseñarles?

Cuando Chávez Frías ganó las elecciones en 1998 en Venezuela y re inició la presencia de los catalogados como “revolucionarios” o “izquierdistas” latinoamericanos en la región; quedó claro que existía para esos años un cuestionamiento al mundo político organizado en partidos: existía corrupción entre estos sectores; la población había sido abandonada y las soluciones a la problemática social habían pasado a un segundo e incluso tercer plano. Los integrantes activos de los partidos paseaban por los barrios donde vivían la mayoría de la población cada cierto tiempo: a la hora de buscar un voto; luego se instalaban en sus oficinas o se reunían con otros militantes de su profesión y discutían entre ellos. Ninguno aclaraba sí realmente era corrupto y se sentía en la obligación de mostrar a sus empleadores –los votantes- sus finanzas; su estilo de vida donde se justificara cada gasto de su vida diaria: ¿porqué hacerlo? Porque al cobrar un sueldo como funcionario público ese político pasar de inmediato a ser nuestro empleado. Sí sólo se dedicó a buscar nuestro voto para que otra persona ocupara un cargo público, también tenemos derecho a exigirle explicaciones. Los votantes se guiaron por su carta de antecedes; su carta de recomendación, escrito donde aseguraba que ese profesional es excelente trabajador, honesto y está calificado para ejercer el cargo.

Hace décadas que el trabajo político se alejó de la ingenua idea de ser ejercido por personas que sólo estaban interesadas en “ayudar a la comunidad…a la sociedad” y se convirtieron en profesionales de la empresa social que es el ejercicio del poder político en la sociedad democrática liberal occidental.

Por cierto, los partidos políticos no son ONG…

Hoy le podemos preguntar a nuestros empleados o quienes nos están ofreciendo su ejercicio social: ¿qué les está sucediendo para que la competencia nos esté ganando en esta carrera por el poder político?

Nosotros, los “compradores” del capitalismo, la democracia y la libertad tenemos derecho a exigirle a quienes pretenden vender su “producto social” una explicación a su baja labor o su mal trabajo.

¿Qué pasó con estos profesionales de la política que no han adquirido experiencia de lo ocurrido con los anteriores dirigentes políticos que pretendieron defender el capitalismo, la democracia y la libertad y fracasaron en su intento? Es decir fueron pésimos profesionales.…

Preguntamos a los nuevos políticos: ¿ustedes no aprendieron nada? Ni un master?…Entonces: ¿quieren o no quieren el empleo?

Un médico que ejerce su profesión y está en un hospital público donde obtiene poca condiciones para ejercer su trabajo sabe que está expuesto a contagiarse en una pandemia como la actual, enfermarse o, como ha sucedido en muchos caso, incluso morir….pero, asume los riesgos de su ejercicio profesional. Si ha adquirido una gran experiencia y realiza su trabajo desde un consultorio privado, suele instalar en las paredes sus títulos, premios o post grados logrados…suele obtener mayores beneficios económicos y sociales…además obtiene prestigio en su área de ejercicio profesional.

Un periodista que no quiere arriesgar ni su libertad y mucho menos su vida entienden que puede cubrir fuentes menos peligrosas: sociales, culturales, de farándula o, mejor: trabajar para una revista que informe sobre decorado de interiores, muebles, cortinas y sábanas. Los periodistas que cubre la información económica, policial, política o son corresponsables de guerra, entendemos que nuestro ejercicio profesional puede acarrearnos problemas que, incluso puedan significar la pérdida de la libertad o la vida….o terminar en el exilio.

Sí usted decide ser profesional de la política y ese ejercicio lo realiza en un territorio controlado por organizaciones criminales –como sucede en Venezuela- usted no puede decirnos a sus empleadores: gané las elecciones, es decir el cargo que nosotros le dimos pero no lo reclamé porque me podían matar o quitarme mi libertad…no hay problema: dedíquese a una profesión menos riesgosa…sea sastre, diseñadora de ropa, venda caramelos o fabrique muebles….no se meta en una profesión donde estamos entendido puede perder su libertad o su vida…

Además, antes de pedirnos el cargo entienda que debe ofrecer sus conocimientos y experiencias que lo hagan ser competentes para ejercer su profesión. Es su trabajo detener la “marea roja”; lograr que nosotros le apoyemos en su ejercicio profesional pero recuerde: usted es el profesional en la materia, usted tiene mayor responsabilidad que cualquier otro ciudadano que ejerce otra profesión. No nos responsabilice de sus fracasos, asuma sus errores, mal manejo estratégico y su falta de conexión con la población…quienes lo pueden contratar o no hacerlo.

Asuman su barranco.